The vaulted ceiling at the Catedral de San Juan in Old San Juan, Puerto Rico.

Los secretos del Viejo San Juan: un viaje a través de criptas, catedrales y arquitectura oculta

Atrévete a ir más allá de las fortificaciones y explora la historia menos conocida de la ciudad amurallada, con tumbas subterráneas y secretos tallados en piedra que cuentan siglos de historias.

 

Por Carla L. Bonilla Martínez

 

El Viejo San Juan es conocido a menudo por sus icónicos adoquines azules, edificios coloridos y fortificaciones imponentes, pero una ciudad con más de 500 años de historia posee mucho más de lo que se aprecia a simple vista. Detrás de las postales se esconden historias profundas: escaleras talladas en piedra dentro de antiguos muros, los detalles cuidadosos del vitral más antiguo de Puerto Rico y criptas que descansan silenciosamente bajo iglesias centenarias. Estos no son solo reliquias: son los secretos del Viejo San Juan, tejidos en los cimientos mismos de la ciudad, esperando ser admirados.

Para quienes están dispuestos a desviarse de los caminos más transitados del Viejo San Juan, las recompensas están llenas de historia y maravillas. Cuidar de estos tesoros no tan solo se trata de honrar la historia, sino también un acto sostenible. Preservar en lugar de reconstruir ayuda a reducir el impacto ambiental, prevenir el desperdicio y minimizar la necesidad de materiales que consumen muchos recursos. En muchos sentidos, proteger el pasado es una de las acciones más visionarias que podemos tomar.

Descubriendo los secretos del viejo San Juan con un historiador local

Explorar más allá de los caminos conocidos adquiere un nuevo significado: no se trata solo de ver más, sino de entender por qué estos espacios importan. Y esa curiosidad por ir más allá de los lugares más visitados del Viejo San Juan fue precisamente lo que nos trajo aquí.

Nuestro recorrido comienza con Andy Rivera, arquitecto e historiador cuya pasión y conocimiento sobre el patrimonio arquitectónico nos abrieron puertas (y escaleras) que quizás hubiéramos pasado por alto, perdiendo los tesoros ocultos del Viejo San Juan. Lo que empezó como una simple página en Facebook, en la que compartía observaciones sobre edificios históricos del Viejo San Juan y más allá, creció hasta convertirse en algo mucho mayor. Su dedicación lo llevó a fundar la Puerto Rico Historic Building Drawings Society, una organización comprometida con ofrecer recorridos educativos que entrelazan los detalles arquitectónicos con la historia viva de la Isla.

Gracias a Andy, nuestro grupo no solo estaba de paseo. Estábamos viajando en el tiempo a través del Viejo San Juan.

A sweeping landscape picture of the alter at the Catedral de San Juan in Old San Juan, Puerto Rico.

Habitaciones ocultas tras los muros de la catedral

Nos encontramos con él temprano en la mañana frente a las escalinatas de la Catedral de San Juan Bautista. En pleno corazón de la Calle del Cristo, perfectamente alineada con la antigua Puerta de San Juan, la catedral se alza elegante y eterna. Su fachada color crema, sus arcos y su torre coronada con una cruz le otorgan una belleza sobria. Es la iglesia cristiana más grande de Puerto Rico y la segunda más antigua de la Isla. Dentro de sus muros viven más de cinco siglos de oraciones, pasos y silencios sagrados: uno de los muchos secretos del Viejo San Juan escondidos a plena vista.

En el interior, el ambiente cambia. La luz se filtra por coloridos vitrales que tiñen de tonos vibrantes los techos góticos, las arcadas y las capillas adornadas con frescos dorados. Andy nos guía por el lado derecho de la nave, pasando la Capilla de San Pío I, hasta llegar a un par de grandes puertas de madera acordonadas para evitar el acceso. Él retira la barrera con facilidad y, por estar con él, tenemos acceso especial. Dentro, la sala guarda reliquias sagradas de San Pío, el noveno papa de la Iglesia Católica, junto a ornamentos y vestimentas utilizados por el Papa Juan Pablo II durante su visita a Puerto Rico en 1984.

Con el paso de los años, el espacio se ha convertido en un lugar para conservar y exhibir objetos sagrados, desde vestimentas sacerdotales y cruces procesionales hasta candelabros de oro y mitras decoradas, el tocado ceremonial usado por los obispos.

“Pero esto no es lo que vinimos a ver”, dijo Andy, mientras señalaba una puerta que casi pasa desapercibida al fondo. Parece una más. Hasta que la abre.

“¡Síganme!”

Y entramos a un espacio de piedra como ningún otro.

A collection of open and closed niches in the Catedral of San Juan in Old San Juan, Puerto Rico.

La sala es solemne y silenciosa. Filas de urnas descansan detrás de cristales: algunas de acero inoxidable, otras de cristal reluciente o con diseños coloridos que celebran las vidas allí recordadas. Es parte cripta, parte mausoleo: un lugar de memoria elegido por familias que querían que sus seres queridos descansaran bajo la protección de la iglesia.

Sobre nosotros, la arquitectura grita historia. El techo se eleva en bóvedas góticas con arcos apuntados y claves decoradas que forman un patrón de encaje de piedra. Ventanas estrechas dejan pasar haces de luz dorada. Andy nos cuenta que la primera estructura de la catedral fue de madera, construida en 1526, pero parte de ella fue destruida por una tormenta. No fue hasta 1540 que la iglesia tomó su forma actual, con cimientos de piedra. Me quedo quieta, consciente de las cenizas a mi alrededor, y el silencio se vuelve reverente.

“Ya casi llegamos”, dijo Andy, rompiendo el silencio mientras abre otra puerta. Entramos a una habitación apenas iluminada, llena de decoraciones viejas, mesas polvorientas y sillas desparejadas. Un espacio que cualquiera pasaría por alto. Pero Andy avanza decidido, como siguiendo un mapa invisible. Al fondo del cuarto, se detiene.

“Esto”, dijo, “es lo que vinimos a ver.”

Corre una cortina de sombras y revela una estrecha entrada de piedra, y más allá, tallada en el esqueleto del edificio, una de las joyas más fascinantes del Viejo San Juan: una escalera en espiral tallada a mano hace más de un siglo.

Un giro de piedra y tiempo

La escalera no es grandiosa ni decorada. Es poderosa. Una espiral de piedra sólida, desgastada por los siglos. Se enrosca como una concha marina dentro de los muros de la catedral. La piedra es cálida, dorada en los puntos donde la toca la luz. Andy señaló: “Mira cómo la barandilla no fue añadida. Está tallada directamente en la piedra. Es parte de ella.” La toco: fría, suave, eterna.

Subirla se siente íntimo. A mitad de camino, me detengo y miro por una ventana angosta. La luz acaricia la columna central y revela las marcas de los cinceles, huellas silenciosas de manos del pasado. “Las ventanas son más estrechas afuera y más amplias adentro, para mejorar la ventilación”, explicó Andy.

Arriba, la escalera se abre al cielo. El techo de la catedral se extiende bajo el azul caribeño. Las campanas se alzan inmóviles y, alrededor del Viejo San Juan, se despliega, con sus techos de terracota y balcones pintados. Y aun así, me siento atraída de nuevo hacia la escalera.

Porque es en lugares como este, en los tesoros escondidos del Viejo San Juan, donde la conservación no solo es importante, sino esencial. No son solo escalones: son recuerdos tallados en piedra. Preservarlos es preservar nuestra conexión con el pasado.

A beautiful stained glass window at the Catedral de San Juan in Old San Juan, Puerto Rico.

El vitral más antiguo de Puerto Rico

Mientras salimos de la catedral, Andy se detiene. “Antes de irnos,” dijo, “hay algo importante que deben ver.” Nos lleva por el lado derecho hasta donde la luz se suaviza y el ambiente se vuelve íntimo. Se detiene frente a un vitral vibrante.

“La Catedral de San Juan Bautista guarda muchos tesoros, como los restos del explorador y primer gobernador de Puerto Rico, Juan Ponce de León. Pero uno de los más cautivadores es este,” dijo señalando el vitral. “Se llama Las Ánimas en el Purgatorio. Es el vitral más antiguo de Puerto Rico. Fue traído desde España en 1850.”

Frente a él, dejo que la luz coloreada me bañe, igual que lo ha hecho durante casi dos siglos. En el centro, una radiante Virgen María, vestida de azul, asciende rodeada de ángeles y luz dorada. Debajo, las almas en el purgatorio extienden sus manos entre llamas y sombras. Los tonos —rojos intensos, azules profundos y dorados brillantes— parecen encenderse con el sol. La escena está viva, sagrada, silenciosa.

En la tradición católica, las ánimas son las almas que esperan purificación antes de entrar al cielo. Se cree que los vivos pueden ayudarlas mediante oraciones y misas. Mientras observo el vitral, me pregunto cuántas oraciones se habrán susurrado aquí a lo largo del tiempo.

La cripta oculta de la Iglesia San José

Dejamos la catedral y caminamos por las calles adoquinadas hasta el punto más alto del Viejo San Juan, donde la Iglesia San José se alza como un guardián silencioso. Fundada en 1532, ostenta el título de la iglesia más antigua de Puerto Rico y la segunda más antigua de las Américas.

Tras casi dos décadas de restauración meticulosa con técnicas y materiales fieles al siglo XVI, la iglesia ha recuperado su esplendor original y hoy está abierta al público. Dentro, el aire fresco huele a piedra caliza y antigüedad. Los arcos góticos se elevan, acompañados de vitrales y esculturas de piedra. Es, sencillamente, sobrecogedora.

Entramos a una capilla lateral. Bancos de madera perfectamente alineados, un altar sencillo y una estatua serena de la Virgen con el Niño. Todo parece en calma. Hasta que Andy señala el suelo.

“¿Te puedes mover un poco?”, me dijo. Levanta una compuerta de madera y, debajo, aparece una estrecha escalera de piedra que desciende hacia la oscuridad.

“Esta”, dijo, “es la cripta.”

El aire cambia: se vuelve más cálido, más denso. Bajamos con linternas. El espacio es un recinto de piedra y ladrillo, silencioso, donde antiguamente descansaron los primeros gobernadores de Puerto Rico. Algunos nichos aún están sellados, otros abiertos, revelando las huellas del tiempo.

Regresamos a la superficie. La luz del sol parece ahora casi deslumbrante. Agradecemos a Andy en silencio. Las puertas se cierran detrás de nosotros, guardando de nuevo los secretos del Viejo San Juan.

Gracias a Andy, no solo aprendimos sobre la historia de la ciudad: la caminamos, la tocamos y descendimos en ella.

Y al hacerlo, descubrimos que esta ciudad no solo está preservada.

Está viva.

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