Alojamiento ecológico diseñado para el descanso y la renovación
Aquí, el tiempo no se mide en minutos ni en horas, sino en los ritmos de la Tierra, en la calidez de la brisa y en la sensación de estar verdaderamente presente. Las casitas fueron diseñadas originalmente por el amigo de muchos años de Fernando, el arquitecto Daniel M. Johnston, AIA, de Atlanta, Georgia, como parte de un desarrollo de vivienda sostenible. Pero con el tiempo, los planos evolucionaron, transformando las casitas en el refugio vacacional ecológico que son hoy.
“Este iba a ser mi hogar de retiro”, admite Fernando entre risas. “Pero se ha convertido en algo mucho más grande: un lugar que le da vida a la tierra, tal como mi familia lo ha hecho por generaciones.”
Rodeadas de una vegetación exuberante, las casitas están circundadas por altos cactus, plantas de agave y enredaderas floridas que cuelgan sobre sus entradas. Senderos curvos guían a los visitantes a través de un oasis cuidadosamente cultivado, donde cada giro revela una nueva perspectiva de este tranquilo retiro.
En el corazón del complejo, un jacuzzi al aire libre invita a los huéspedes a relajarse. Al caer la tarde, muchos se sienten atraídos por esta piscina de cuatro pies de profundidad—no para nadar, sino para descansar con un cóctel en la mano.
En su interior, las casitas equilibran la simplicidad moderna con el encanto rústico. Los techos altos, las paredes encaladas y los pisos de concreto pulido crean una sensación de amplitud, mientras que la ventilación inteligente—techos a doble altura, paredes de hormigón ventiladas y contraventanas en lugar de ventanas—mantiene los espacios naturalmente frescos, eliminando la necesidad de aire acondicionado artificial y reforzando el compromiso con la sostenibilidad.
Uno de los elementos más destacados de la sala es una gran pintura que domina el espacio: una hipnotizante mezcla de tonos azules que captura el encuentro entre el agua y la arena. Al observarla de cerca, emergen siluetas sutiles donde el océano besa la orilla: una vista aérea abstracta de una playa.
“Yo pinté eso”, dice Fernando con una sonrisa modesta. Ingeniosamente, la obra oculta una cama abatible, integrando arte y funcionalidad para alojar a huéspedes adicionales.
Las amplias puertas de cristal invitan a que entren la luz del sol y la brisa, borrando los límites entre el interior y el exterior. Cada casita se siente como un santuario escondido, donde el diseño cuidadoso, la sostenibilidad y la naturaleza existen en perfecta armonía.